Cuando un ser humano está próximo a morir ya sea el caso de procesos terminales o en ancianos donde la persona se encuentra internada por largo tiempo observamos una situación que se repite a la hora de decidir cortar el suministro de alimentos que unen a la vida a esa persona o el caso de los famosos respiradores artificiales.
La familia comienza a presionar para mantener con vida a ese ser que yace absolutamente inconsciente la mayoría de las veces y por el otro lado los médicos según sean sus presiones externas, institucionales, económicas etc. obrarán en consecuencia.
Ocurre que se presenta muy a menudo la paradoja pasmosa del rol de los médicos que atienden de manera airada y poco personal a los pacientes, apenas si miran a los pacientes los que solo son analizados como objetos de estudio, se transforman en órganos, partes, pedazos de cosas.. La velocidad, la deshumanización de la medicina, la urgencia de las grandes corporaciones de salud por transformar al paciente en un objeto de lucro cantante y sonante son la moneda corriente del ritmo feroz al que nos conduce el ingreso de un enfermo cualquiera sea su condición inicial.
Cuando se trata de alguien que cursa sus últimos días o meses con mas razón, ya no puede hablar para trasmitir lo que piensa o siente, esa persona queda en manos de los profesionales de la salud que lo asisten y en última instancia de la voz de la familia.
Pero es precisamente y justo en el momento que la familia con la sensata decisión de que su ser querido deje de sufrir espantosamente y ya sin ningún motivo mas que el de alargar a cuenta gotas las horas de vida de ese familiar y pide la desconección o corte de suministros de alimentación artificial es donde aparece la reacción de una sorpresiva moral y principios repentinos de algunos médicos aduciendo primero un juramento (Hipocrático) que olvidan y desdeñan en el trato omnipotente y muchas veces rayano al despotismo y la negativa a la desconección solo permite seguir victimizando a quien es un protagonista (el enfermo) silenciado mas parecido, a un convidado de piedra.
La paradoja es un fenómeno permanente en la vida de la gente pero cuando se llegan a instancias cruciales y decisivas en la vida es el momento donde queda expresada con mas fuerza, por un lado un sistema de vinculación sanitaria donde los médicos son hegemonía y poderosos, con instrumentos cada vez mas sofisticados e invasivos, mas cruentos, donde lo violento es moneda corriente, ni hablar del apartado de las obras sociales y la industria farmacológica y por el otro lado las decisiones de verdadera gestión humana donde se requiere "mojarse" pero no amparados en leyes creadas solo por hombres sino en planteos de verdad humanos elevados a lo sagrado.
Los cuidados paliativos se insertan en éste ejido de personajes, escenarios con un fin absolutamente ético desde principios de dignidad hasta el último día y hora de vida de un ser humano.
La verdadera moral no nace como reacción de temor o defensiva de alguna situación gravosa o de castigo sino nace de convicciones y principalmente de un genuino respeto y misericordia por las personas.

El final muestra el hilo humano que une lo real al espíritu; la base en la que se ha de sustentar el razonamiento a seguir por conciencias sanas. La paz de la conciencia muestra el recto camino. Gracias.
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