domingo, 11 de agosto de 2013

Empezar a Irse…



No somos proclives a aceptar las cosas de manera natural y siguiendo las señales inequívocas de lo que es obvio.
Si se trata de nosotros los humanos quisiéramos también regular la muerte y solo la justificamos cuando se presenta como consecuencia de una enfermedad mortal.
Morir en la ancianidad aunque parezca mas entendible y al parecer mas cercano a nuestra comprensión también introducimos nuestros limitantes prejuicios, reaseguros de consciencia y demás obstáculos sociales.
Es que no permitimos que nadie quiera morirse de viejo, no, no es posible, una enfermedad debe trágicamente llevarse la vida de un anciano, entonces buscaremos y tendremos la causa y si no la tenemos el anciano será víctima de todo tipo de presiones si osa conscientemente o no Empezar a Irse.

Los ancianos en ésta cultura encuentran dificultado el paso natural de lo que sería empezar a soltar naturalmente la vida, que por supuesto es muy diferente a quitarse la vida.
Las formas son naturalmente obvias por las que se supone se extinguirá poco a poco un cuerpo ya sin fuerzas, dejar de ingerir líquidos, dejar de comer, introducirse en una esfera interna muy profunda, la mirada se focaliza en el adentro y nada de lo que pasa afuera importa mucho ya para quienes desean empezar a irse.

Las presiones externas se hacen sentir primero tratando de hallar una causa a ese estado incomprensiblemente “depresivo” del anciano, debe estar enfermo por supuesto, entonces está con Depresión y mas de un médico recetará eficaces psicofármacos para rescatar de ese proceso maligno al paciente anciano.
Luego la imposición a cuchara limpia para que se alimente, a como de lugar, sin quejas, los líquidos se imponen a presión hasta con infusiones en vena…

¿Que derecho nos asiste para continuar con éste atropello?

¿Es que no es un derecho que le asiste a cada persona decidir de que manera desea vivir sus últimos días?

¿ A quien estamos escuchando o respetando en esas instancias? Es a nosotros y la manera que creo deben ser las cosas o a esa persona que le asisten derechos iguales a los que yo creo tener?...


Empezar a irse es eso…todo tiene un principio y un final, hasta que alguna vez lo entendamos.

sábado, 27 de julio de 2013

Cuando No Dejamos Morir.




El último tramo hacia la muerte en enfermos terminales o en ancianos suele estar minado de obstáculos de aparente buenas y amorosas intenciones por parte de la familia.
Durante éste proceso que puede durar meses o días tendremos la oportunidad de observar como se manifiestan en sus conflictivas no resueltas los parientes del moribundo colocando por delante el problema antes que las necesidades reales de la persona que está en vísperas de partir.

Es muy común ver a hijos adultos que se hacen cargo del cuidado al milímetro de padres, aun sabiendo de lo irreversible de su estado y pensando que se trata de ancianos de elevada edad, insisten en imponerles los alimentos y toda clase de vitaminas y energizantes cuando ya no puede siquiera hablar del estado de natural debilidad.

A qué responden éstas actitudes sobre actuadas en éstas instancias?...es que justamente se empiezan a activar cuestiones, conflictos que hasta ese momento estuvieron sumergidas ya que la sola presencia de esa persona significativa me permitía patear para adelante mi miedo por ejemplo a estar solo, la ausencia de una pareja, un complejo de Edipo, el apego, y ante la inminencia de la muerte es que comienza la desesperada búsqueda de supuestos elementos milagrosos para dejar las cosas como estaban.

Me deberé hacer cargo de mi vida de una buena vez…será la sentencia mordida de algún hijo desesperado que interpondrá su dolor a las necesidades mínimas y de paz que requiere alguien que está muriendo..
Por otro lado, aquellos que se sienten más culposos en esos vínculos debido a cuentas anteriores pendientes son los que prefieren someter a los tratamientos más cruentos e invasivos para mitigar de algún modo esa culpa muy a costa de quien se terminará yendo días antes o después.

La cercanía de la muerte de un familiar nos pone por delante de lo que fue el vínculo con esa persona, se debaten en silencio remordimientos, enojos, temas no hablados, e incluso largas indiferencias y mucho desamor.
Cuando podemos hacer intervenciones en éste sentido como psicólogos o acompañantes y hacer conscientes éstos elementos de disturbio con la razón de intentar sumar un espacio de reconciliación, diálogo, perdón, ese tiempo de espera se transforma en un tiempo ganado por ambas partes, la familia y el enfermo.

No dejamos morir porque tenemos miedo, sin plantearnos de verdad y consultar que es lo que esa persona desea hacer el resto del tiempo con lo que quede de su vida.

jueves, 11 de julio de 2013

La Muerte no es el Fracaso de la Vida.




No, si fuera así no morirían a cada segundo células de nuestro cuerpo para permitir que otras se renueven y den comienzo a otro ciclo infinito de vida y muerte.

Tenemos una cultura que sobrevalora la luz del árbol crecido pero que ignora la oscuridad mortal que permitió tan fecundo árbol, que hace leña del árbol caído…

Nos olvidamos e irreverentes seguimos dando batalla a los ciclos de la vida pensando que finalmente venceremos lo que nuestro destino en la matriz sagrada del universo tiene para cada uno como broche final de su existencia en ésta vida.

Si nuestra perspectiva se planta desde la vida a como de lugar nos estamos perdiendo lo más significativo y trascendente que tiene nuestro tránsito que es justamente ese, lo trascendente luego de nuestra muerte física.

Quien nos hizo creer que había un tiempo delimitado para nacer y morir?, quien nos metió en la cabeza que es la muerte algo injusto?...quien dijo que la muerte es una tragedia?...

Somos acaso dioses cuando encarnizados la medicina se ensaña con los ya moribundos porque “eso es lo que debe ser”…¿ qué diablos hicimos con nuestros valores humanos?...

Estamos tan ciegos o enceguecidos que no podemos siquiera tomar distancia para mirarnos en los espejos que están ahí delante suplicando muchas veces que se los respete, los enfermos terminales.

La muerte vendrá inexorable pero no con la mítica imagen siniestra de la guadaña sino como aquella que completa el sentido de esa pequeña o larga existencia humana, algo que no nos cuesta entender en la naturaleza pero que planteamos guerras y batallas feroces cuando se trata de nosotros, o acaso no pertenecemos al reino natural?.

La vida es un milagro ya que se necesitaron millones de fracasos para dar la luz a una semilla.

La mariposa solo fue posible por la oruga, amemos a ambas pensando desde la perspectiva de la mariposa que puede observar desde lo alto el significado de su propia vida.


sábado, 1 de junio de 2013

La Conspiración del Silencio



Cuando un familiar cercano recibe la noticia de  que tiene una enfermedad incurable y sus posibilidades de vida son escasas comienza para la familia una etapa donde la comunicación y fluidez que se tenía con el enfermo hasta ese instante sufrirá una interceptación ya que será ocupado por el silencio.

El temor a producir sufrimiento hacen que los parientes y amigos del paciente sospechen que tocar temas como la enfermedad, las posibilidades de sobrevida, el mismo tema de la muerte y las necesidades finales de una persona en éste tramo son soslayadas y evitadas no solo por la familia sino por el equipo de salud también.

Allí comienza la conspiración del silencio donde nadie pronuncia determinadas palabras (cáncer por ej, despedidas, muerte, etc).
En esa conspiración de la que todos participan el enfermo es el gran ausente y el que va poco a poco quedándose solo y cada vez mas aislado con sus angustias, dudas y temores ya que intuye que algo no está bien y que no debiera molestar mas todavía con sus miedos.
El silencio empieza a ocupar un espacio que nadie se atreve a llenar, miradas vacías, conversaciones periféricas, solo permiten profundizar la soledad del enfermo que en su gran mayoría intuye que le queda un trayecto corto por delante.

Una intervención sobre ésta conspiración apuntará a hacer ver a la familia de lo pernicioso del silencio en éste proceso de final de la vida ya que se está impidiendo el comienzo de duelos y de despedidas que tanto el moribundo como la familia deben hacer en un marco de fluidez.


Por otro lado comenzar a “hablar” de determinados temas al enfermo le harán sentir que no está solo con su proceso de dolor, que tiene la posibilidad de sellar y concluir pendientes y por sobre todas las cosas de darle un lugar central de decisión para expresar que y de que manera quiere vivir sus últimos días y de que manera empezar a soltar la vida.

viernes, 31 de mayo de 2013

Tres Maneras de no Nombrar el Dolor (ancianos en situación de claustro)



La situación de claustro (hogares, geriátricos, psiquiátricos) en los ancianos va produciendo como lo sería para cualquier otra persona que es separada de su hogar o abandonada u otra circunstancia una suerte de proceso de cambio  respecto de los afectos, sentimientos que esa persona tenía o tiene con su familia o lo que de ella queda.

Es muy frecuente que en los primeros días y meses que la persona es traída al claustro suceda lo siguiente:

       *Las visitas son diarias y semanales y el anciano todavía mantiene casi intactos su      interés y ansia el contacto de los mismos.
* En una segunda etapa, las visitas con el tiempo empiezan a distanciarse hasta ser en muchos casos nulas y el anciano entra en un proceso paralelo de resignación y depresión.

La familia del anciano comienza a ser una especie de fantasma que deambula silencioso en los pasillos del claustro cuya identidad desaparece tal como le pasa a los internos. No se habla de ellos.

El fantasma de la muerte y  ahora el de la familia se suma y el sustrato psicoemocional del anciano va perdiendo sus formas claras para transformarse en masa calcificada o laxa e informe.

Describo tres maneras que podrían reflejar la forma que encuentran los ancianos para éste caso de no nombrar el dolor que lacera en relación a los vínculos parentales a saber:

El primero y que por lo general se da en las primeras etapas de internación, se refiere a la Idealización de la familia. Habla de sus hijos, nietos como seres maravillosos justificando cualquier ausencia y hasta el mismo echo de que ellos hayan sido los causantes de la decisión  que lo tiene allí encerrado.

El segundo es el enojo, la crítica y el abierto resentimiento hacia los integrantes de la familia, son criticados por el anciano aunque ésta actitud de rabia a veces se acompaña de extrema sensación de culpabilidad.

El tercero es la negación, se evade el tema familiar y directamente la familia pasa a ser un agujero negro del cual el viejo ya comienza a olvidar.

La circunstancia de claustro no es solo un tránsito mas en la vida de los ancianos, representa la última parte de sus vidas, nada menos, que allí dentro ese tránsito se acelera hacia la muerte cuando no hay una buena digestión del impacto de los primeros tiempos , es por eso que el papel del sistema familiar del que forma parte es muy importante en ese acompañamiento emocional y afectivo

martes, 21 de mayo de 2013

Las Cuentas Pendientes y el Enfermo Terminal.




La dinámica familiar alrededor de un familiar que está en situación de muerte es muy compleja y éste evento vuelve a activar conflictos, rencores y por supuesto cuentas pendientes.

Los tiempos se aceleran para quien rodea a un familiar moribundo y la inminencia de la despedida resuena de manera diferente para aquellos que tuvieron un vínculo aceptable con el enfermo y pudieron saldar o decirse todo lo que creyeron era necesario durante la vida que les tocó compartir.

Para los vínculos donde quedaron heridas, palabras no dichas, resentimientos, disputas de cualquier tipo la despedida de ese pariente será mas difícil ya que las cuentas pendientes dificultarán el “soltar” o el “dejar ir” al enfermo.

Comprobado está con casos que ante la toma de decisiones médicas agresivas por parte de familiares aquellos que sostienen y deciden por éstas en desmedro de medidas tendientes a dejar ir (ya cuando se sabe que nada hay por hacer) son la de los parientes que tienen temas sin resolver con el moribundo.

Hermanos que por años no se veían o hablaban regresan a “entorpecer” y “dramatizar” el clima ya desestabilizado que rodea al enfermo, la fuerza de la culpa presiona a la “aceptación suave” del devenir de la muerte.
Quienes propulsamos la idea de que la muerte pueda ser llevada a cabo en un clima de aceptación personal y familiar donde sea posible dejar ir en paz a nuestro familiar ponemos especial atención en el tema de familiares con cuentas pendientes, es por eso que el equipo de Cuidados Paliativos diseñará estrategias para el trabajo de la aceptación de parte de éste familiar y de que finalmente pueda lograr cerrar cuentas en vida con el moribundo.

El cerrar cuentas pendientes será de alto beneficio para quien se dispone a irse de ésta encarnación y para el familiar ya que la repercusión sobre su duelo será mucho menor que si hubiera persistido esa cuenta pendiente.

domingo, 14 de abril de 2013

Las máscaras se debilitan .

En los ancianos ocurre un proceso natural y a veces acelerado por el proceso de debilitamiento general de las funciones del yo que es un aspecto que puede marcar un signo significativo en las conductas sociales que antes tenía esa persona y las  que empieza a manifestar en el ahora.

Observamos que algunos de ellos manifiestan conductas agresivas manifiestas, insultos u otra expresión que esa persona era incapaz de exteriorizar años atrás. Nos sorprendemos y pensamos que se volvieron malos de repente o que tienen algún encono personal con alguien.

Sucede que las máscaras sociales se empiezan a fracturar y eso que censura todo el tiempo la emergencia de los impulsos, instintos, odios y resentimientos ya disueltos en una masa informe salen a la luz sin posibilidad de sujetación por un yo que perdió su esquema de sostén.

A medida que el proceso de empezar a morir en los ancianos la máscara va perdiendo su necesidad de ser ya que debe darse paso a lo esencial ,de echo venimos a éste mundo solo con la desnudez de un cuerpo y nos iremos solo con la desnudez de un alma que podremos vislumbrar a veces en los últimos momentos de la vida y en el mejor de los casos...
mucho antes...

lunes, 25 de marzo de 2013

La paradoja médica y el enfermo terminal.

Cuando un ser humano está próximo a morir ya sea el caso de procesos terminales o  en ancianos donde la persona se encuentra internada por largo tiempo observamos una situación que se repite a la hora de decidir cortar el suministro de alimentos que unen a la vida a esa persona o el caso de los famosos respiradores artificiales.
La familia comienza a presionar para mantener con vida a ese ser que yace absolutamente inconsciente la mayoría de las veces y por el otro lado los médicos según sean sus presiones externas, institucionales, económicas etc. obrarán en consecuencia.

Ocurre que se presenta muy a menudo la paradoja pasmosa del rol de los médicos que atienden de manera airada y poco personal a  los pacientes, apenas si miran a los pacientes los que solo son analizados como objetos de estudio, se transforman en órganos, partes, pedazos de cosas.. La velocidad, la deshumanización de la medicina, la urgencia de las grandes corporaciones de salud por transformar al paciente en un objeto de lucro cantante y sonante son la moneda corriente del ritmo feroz al que nos conduce el ingreso de un enfermo cualquiera sea su condición inicial.
Cuando se trata de alguien que cursa sus últimos días o meses con mas razón, ya no puede hablar para trasmitir lo que piensa o siente, esa persona queda en manos de los profesionales de la salud que lo asisten y en última instancia de la voz de la familia.
Pero es precisamente y justo en el momento que la familia con la sensata decisión de que su ser querido deje de sufrir espantosamente y ya sin ningún motivo mas que el de alargar a cuenta gotas las horas de vida de ese familiar y pide la desconección o corte de suministros de alimentación artificial es donde aparece la reacción de una sorpresiva moral y principios repentinos de algunos médicos aduciendo primero un juramento (Hipocrático) que olvidan y desdeñan en el trato omnipotente y muchas veces rayano al despotismo y la negativa a la desconección solo permite seguir victimizando a quien es un protagonista (el enfermo) silenciado mas parecido, a un convidado de piedra.

La paradoja es un fenómeno permanente en la vida de la gente pero cuando se llegan a instancias cruciales y decisivas en la vida es el momento donde queda expresada con mas fuerza, por un lado un sistema de vinculación sanitaria donde los médicos son hegemonía y poderosos, con instrumentos cada vez mas sofisticados e invasivos, mas cruentos, donde lo violento es moneda corriente, ni hablar del apartado de las obras sociales y la industria farmacológica y por el otro lado las decisiones de verdadera gestión humana donde se requiere "mojarse" pero no amparados en leyes creadas solo por hombres sino en planteos de verdad humanos elevados a lo sagrado.

Los cuidados paliativos se insertan en éste ejido de personajes, escenarios con un fin absolutamente ético desde principios de dignidad hasta el último día y hora de vida de un ser humano.
La verdadera moral no nace como reacción de temor o defensiva de alguna situación gravosa o de castigo sino nace de convicciones y principalmente de un genuino respeto y misericordia por las personas.

jueves, 21 de marzo de 2013

Honrá tu vida abrazando tu muerte...


No la reconocemos, la negamos y el tabú de la muerte forma parte de la presencia a voces de nuestra vida.
Desde quienes estamos ligados al acompañamiento en instancias de despedidas y de muertes sabemos que quienes han tenido en el trayecto de sus vidas una consciencia clara de sus esencias personales y han integrado con sabiduría sus duelos llegan a la muerte con la paz necesaria para ellos y sus familias.

Abrazar tu muerte es un proceso de la vida, tenemos toda una vida para aprender a morir, es que nacer es un acto sagrado y místico, lo es igual la muerte con toda su connotación transpersonal.

Mientras mas negamos también crece el miedo a la muerte ya que seguimos poniendo bajo el tapete la energía poderosa del tabú que se hace mas inmanejable y oscuro.

La preparación a nuestra muerte no representa nada escabroso ni dramático, por el contrario nos acerca mas y mas a nuestro ser esencial, penetrando en el auténtico conocimiento de nuestros dolores y su significado. El reconocernos finitos nos da la posibilidad de valorar de otra manera nuestro día a día, también sacarle el dramatismo que solemos darle a cada problema que se nos presenta en la vida.

Celebramos nacimientos con bombos y platillos pero no rendimos el tributo de la sagrada muerte, si, la muerte es una compañera que llega puntual, pero que debemos ir abrazando y conociendo a lo largo de la vida.

HONRÁ LA VIDA ABRAZANDO TU MUERTE...

HAY UN TIEMPO PARA NACER Y HAY UN TIEMPO PARA MORIR.



.Así como existe un tiempo necesario para venir al mundo que consiste en espera de gestación de nueve meses, también existe un tiempo para empezar a morir.
Con excepción de las muertes súbitas o las suscitadas en accidentes existe y se ha estudiado un punto donde la persona tiene una luz de consciencia que le indica que ya es tiempo de soltar la vida.

Habitualmente vemos que los ancianos ya sea como consecuencia de largas enfermedades o no, se abandonan de un momento para otro, "se desconectan" es ahi donde empiezan a negarse a comer, caminar, hablar y no entendemos que los motiva ya que en muchos casos suelen hallarse en la salida airosa de alguna enfermedad.
Es que en verdad ésto no es casual, también se observa en personas mas jóvenes que se hallan en los finales de enfermedades crónicas e invalidantes....se empiezan a entregar a la muerte.

Las personas a medida que progresa  el curso de enfermedades crónicas va sufriendo una suerte de desenmascaramiento de su personalidad, los roles sociales que sostenían la máscara, éste proceso es lento e insidioso algunas veces y otras cuando la persona llega con un nivel de consciencia elevado puede sumar en éstos últimos tiempos paz y una calidad de vida diferente para todos los involucrados dentro de la familia.
Curiosamente empezar a morir es nada mas y nada menos que reencontrarse con uno mismo, desnudo, sin defensas, sin roles, sin excusas, por eso está tan ligado a la vida que tuvimos y como la construimos el hecho de tener también un buen morir.

Las personas que supieron instrumentar sus vidas desde sitios de consciencia, trascendencia y se autorealizaron mas allá de las fronteras del ego son aquellas que pueden intuir el inicio del proceso de morir que no es otra cosa que el último de nuestros apegos, el apego a la vida terrenal.

No tenemos una cultura que acompañe a éste proceso "sagrado" del buen morir ya que la parafernalia primero de la industria de la salud no lucra con los muertos sino con los vivos, por tanto alargar la vida custe lo que cueste será la consigna.

Por otro lado la familia tampoco ayuda ya que como parte de la misma cultura donde solo entiende que lo que importa es "tener" en presencia a ese familiar, y comulga con la negación colectiva de la otra parte yin del universo que es, la muerte, estira a como de lugar el martirio de quien está cursando sus últimos días o meses y le agrega la dosis de dramatismo innecesaria a éstos momentos que serán irrepetibles y que si son acompañados estratégicamente pueden ser liberadores para ese ser próximo a partir.

El tiempo para morir es un tiempo que nos da la vida como última oportunidad de crecer y encontrarnos a nosotros mismos.
Así como vivimos es como empezaremos a irnos...hay un tiempo para nacer y uno para morir en felicidad.