El último tramo hacia la muerte en enfermos terminales o en
ancianos suele estar minado de obstáculos de aparente buenas y amorosas
intenciones por parte de la familia.
Durante éste proceso que puede durar meses o días tendremos la
oportunidad de observar como se manifiestan en sus conflictivas no resueltas
los parientes del moribundo colocando por delante el problema antes que las
necesidades reales de la persona que está en vísperas de partir.
Es muy común ver a hijos adultos que se hacen cargo del
cuidado al milímetro de padres, aun sabiendo de lo irreversible de su estado y
pensando que se trata de ancianos de elevada edad, insisten en imponerles los
alimentos y toda clase de vitaminas y energizantes cuando ya no puede siquiera
hablar del estado de natural debilidad.
A qué responden éstas actitudes sobre actuadas en éstas
instancias?...es que justamente se empiezan a activar cuestiones, conflictos
que hasta ese momento estuvieron sumergidas ya que la sola presencia de esa
persona significativa me permitía patear para adelante mi miedo por ejemplo a
estar solo, la ausencia de una pareja, un complejo de Edipo, el apego, y ante
la inminencia de la muerte es que comienza la desesperada búsqueda de supuestos
elementos milagrosos para dejar las cosas como estaban.
Me deberé hacer cargo de mi vida de una buena vez…será la
sentencia mordida de algún hijo desesperado que interpondrá su dolor a las
necesidades mínimas y de paz que requiere alguien que está muriendo..
Por otro lado, aquellos que se sienten más culposos en esos
vínculos debido a cuentas anteriores pendientes son los que prefieren someter a
los tratamientos más cruentos e invasivos para mitigar de algún modo esa culpa
muy a costa de quien se terminará yendo días antes o después.
La cercanía de la muerte de un familiar nos pone por delante
de lo que fue el vínculo con esa persona, se debaten en silencio
remordimientos, enojos, temas no hablados, e incluso largas indiferencias y
mucho desamor.
Cuando podemos hacer intervenciones en éste sentido como
psicólogos o acompañantes y hacer conscientes éstos elementos de disturbio con
la razón de intentar sumar un espacio de reconciliación, diálogo, perdón, ese
tiempo de espera se transforma en un tiempo ganado por ambas partes, la familia
y el enfermo.
No dejamos morir porque tenemos miedo, sin plantearnos de
verdad y consultar que es lo que esa persona desea hacer el resto del tiempo
con lo que quede de su vida.

