La situación de claustro (hogares, geriátricos,
psiquiátricos) en los ancianos va produciendo como lo sería para cualquier otra
persona que es separada de su hogar o abandonada u otra circunstancia una
suerte de proceso de cambio respecto de
los afectos, sentimientos que esa persona tenía o tiene con su familia o lo que
de ella queda.
Es muy frecuente que en los primeros días y meses que la
persona es traída al claustro suceda lo siguiente:
*Las visitas
son diarias y semanales y el anciano todavía mantiene casi intactos su interés y ansia el contacto de los mismos.
* En una segunda etapa, las
visitas con el tiempo empiezan a distanciarse hasta ser en muchos casos nulas y
el anciano entra en un proceso paralelo de resignación y depresión.
La familia del anciano comienza a
ser una especie de fantasma que deambula silencioso en los pasillos del
claustro cuya identidad desaparece tal como le pasa a los internos. No se habla
de ellos.
El fantasma de la muerte y ahora el de la familia se suma y el sustrato
psicoemocional del anciano va perdiendo sus formas claras para transformarse en
masa calcificada o laxa e informe.
Describo tres maneras que podrían
reflejar la forma que encuentran los ancianos para éste caso de no nombrar el
dolor que lacera en relación a los vínculos parentales a saber:
El primero y que por lo general
se da en las primeras etapas de internación, se refiere a la Idealización de la familia. Habla de sus hijos,
nietos como seres maravillosos justificando cualquier ausencia y hasta el mismo
echo de que ellos hayan sido los causantes de la decisión que lo tiene allí encerrado.
El segundo es el enojo, la
crítica y el abierto resentimiento hacia los integrantes de la familia, son
criticados por el anciano aunque ésta actitud de rabia a veces se acompaña de
extrema sensación de culpabilidad.
El tercero es la negación, se
evade el tema familiar y directamente la familia pasa a ser un agujero negro
del cual el viejo ya comienza a olvidar.

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