sábado, 27 de julio de 2013

Cuando No Dejamos Morir.




El último tramo hacia la muerte en enfermos terminales o en ancianos suele estar minado de obstáculos de aparente buenas y amorosas intenciones por parte de la familia.
Durante éste proceso que puede durar meses o días tendremos la oportunidad de observar como se manifiestan en sus conflictivas no resueltas los parientes del moribundo colocando por delante el problema antes que las necesidades reales de la persona que está en vísperas de partir.

Es muy común ver a hijos adultos que se hacen cargo del cuidado al milímetro de padres, aun sabiendo de lo irreversible de su estado y pensando que se trata de ancianos de elevada edad, insisten en imponerles los alimentos y toda clase de vitaminas y energizantes cuando ya no puede siquiera hablar del estado de natural debilidad.

A qué responden éstas actitudes sobre actuadas en éstas instancias?...es que justamente se empiezan a activar cuestiones, conflictos que hasta ese momento estuvieron sumergidas ya que la sola presencia de esa persona significativa me permitía patear para adelante mi miedo por ejemplo a estar solo, la ausencia de una pareja, un complejo de Edipo, el apego, y ante la inminencia de la muerte es que comienza la desesperada búsqueda de supuestos elementos milagrosos para dejar las cosas como estaban.

Me deberé hacer cargo de mi vida de una buena vez…será la sentencia mordida de algún hijo desesperado que interpondrá su dolor a las necesidades mínimas y de paz que requiere alguien que está muriendo..
Por otro lado, aquellos que se sienten más culposos en esos vínculos debido a cuentas anteriores pendientes son los que prefieren someter a los tratamientos más cruentos e invasivos para mitigar de algún modo esa culpa muy a costa de quien se terminará yendo días antes o después.

La cercanía de la muerte de un familiar nos pone por delante de lo que fue el vínculo con esa persona, se debaten en silencio remordimientos, enojos, temas no hablados, e incluso largas indiferencias y mucho desamor.
Cuando podemos hacer intervenciones en éste sentido como psicólogos o acompañantes y hacer conscientes éstos elementos de disturbio con la razón de intentar sumar un espacio de reconciliación, diálogo, perdón, ese tiempo de espera se transforma en un tiempo ganado por ambas partes, la familia y el enfermo.

No dejamos morir porque tenemos miedo, sin plantearnos de verdad y consultar que es lo que esa persona desea hacer el resto del tiempo con lo que quede de su vida.

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