sábado, 8 de marzo de 2014

El Pedido Insonoro de Andrea.




Allá la veo como cada día de los últimos diez años, en su silla de ruedas ubicado siempre al final del pasillo que se abre al comedor del antiguo asilo.

Su cara blanca y redonda como su mirada todavía infantil y celeste aunque perdida entre los suburbios de recuerdos fragmentados que sujeta en su memoria como puede.
Andrea García, me repite cada vez que la abrazo agachada y a su altura pequeña como su presencia casi invisible y espectral.
Su cadera se resquebrajó hace años y ese dolor insuperable la atraviesa día y noche produciendo un quejido que entrecorta su habla en tanto me sostiene la mano desesperada para que la lleve a acostar o haga algo por ella.

_ A todos le dice lo mismo ésta Andrea!!!_ Me dice la monja con risita en la boca, quitando la importancia de la escena que por repetida y por venir de la senil señora se vuelve poco a poco un murmullo insonoro.

La rutina se repite como es dable a ella, en éste caso, la vida de Andrea se corresponde a un castigo que solo la muerte puede poner un feliz final y apenas se encienden sus pupilas su cabeza a la par retoma la saga de ideas frustradas para hallarla de una vez.

Al oído me dice_ Yo me voy a matar sabe mijita_ Me voy a tirar de cabeza de la silla_
Ayuda le pido para matarme de una vez mijita_

El abrazo se llena de comprensión y de impotencia, después de todo se le tiene prohibido hablar de esas cosas, es pecado osar llamar a la parca cuando tenemos la dicha de la vida todavía a los ochenta y tres.

El sonido insonoro rebotará cientos de veces mas entre los demás cuerpos, en las paredes indiferentes en tanto el Vía Crusis de la carga y la descarga del bulto de su vida en la silla metálica, diga por si sola ya llegó al fin mi liberación

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