Cuando un familiar cercano recibe la noticia de que tiene una enfermedad incurable y sus
posibilidades de vida son escasas comienza para la familia una etapa donde la
comunicación y fluidez que se tenía con el enfermo hasta ese instante sufrirá
una interceptación ya que será ocupado por el silencio.
El temor a producir sufrimiento hacen que los parientes y
amigos del paciente sospechen que tocar temas como la enfermedad, las
posibilidades de sobrevida, el mismo tema de la muerte y las necesidades
finales de una persona en éste tramo son soslayadas y evitadas no solo por la
familia sino por el equipo de salud también.
Allí comienza la conspiración del silencio donde nadie pronuncia
determinadas palabras (cáncer por ej, despedidas, muerte, etc).
En esa conspiración de la que todos participan el enfermo es
el gran ausente y el que va poco a poco quedándose solo y cada vez mas aislado
con sus angustias, dudas y temores ya que intuye que algo no está bien y que no
debiera molestar mas todavía con sus miedos.
El silencio empieza a ocupar un espacio que nadie se atreve
a llenar, miradas vacías, conversaciones periféricas, solo permiten profundizar
la soledad del enfermo que en su gran mayoría intuye que le queda un trayecto
corto por delante.
Una intervención sobre ésta conspiración apuntará a hacer
ver a la familia de lo pernicioso del silencio en éste proceso de final de la
vida ya que se está impidiendo el comienzo de duelos y de despedidas que tanto
el moribundo como la familia deben hacer en un marco de fluidez.
Por otro lado comenzar a “hablar” de determinados temas al
enfermo le harán sentir que no está solo con su proceso de dolor, que tiene la
posibilidad de sellar y concluir pendientes y por sobre todas las cosas de
darle un lugar central de decisión para expresar que y de que manera quiere
vivir sus últimos días y de que manera empezar a soltar la vida.

Es un derecho natural e inalienable de la persona conocer el estado en el que se encuentra para vivir en plenitud y mal hace la familia en ocultarlo haciendo un daño ya irreparable. Otra cosa es que el enfermo no desee vivirlo conscientemente alejándose de esa posibilidad pensando en sufrir menos. Propio de personas inmaduras, con miedos que no han superado.
ResponderBorrarGracias Claudia.